De la biblia a Wikileaks…

Dentro de un conocido epígrafe del viejo testamento ya se comentaba hace más de 2000 años que ” la verdad os hará libres ” (Juan 8,32). Curioso que tan antigua rúbrica se adecue perfectamente al caso Wikileaks. ¿No será que Internet nos hace más (informados y) eficaces y también más vulnerables, pero no más libres?.

Pero quiero centrar mi aporte en otra cuestión ¿Dónde está la frontera entre la libertad y los derechos individuales o colectivos de secreto? Es lícito que en nombre de la libertad se publique todo lo que llega a los periodistas?  Aunque se pongan en juego vidas humanas?  ¿Dónde está el límite entre el derecho a informar y el riesgo que ello puede comportar cuando, como en el caso que nos ocupa, aparecen nombres de personas involucradas en algunos hechos y que pueden ser víctimas de represalias?  Es este un debate tan antiguo como la misma existencia del periodismo. Wikileaks no debía colgar la información secreta movida por el afán mediático (¿y lucrativo?) en nombre de una libertad de expresión mal entendida. Incluso me pregunto sino estaríamos en el límite del libertinaje.

Las personas que nos creemos “libres”-si es que lo somos- siempre hemos sido atraídos por los contrapesos al poder mediático establecido, que nos dan cierta esperanza de que realmente existen alternativas a la información oficial y al “políticamente correcto” que puebla la gran mayoría de medios de  todo el mundo.  Es por este motivo que Wikileaks tiene un aura de independiente en el ámbito de la información y, para mi, este es el motivo por el que medio mundo parafrasea.

Personalmente, y apelando a mi espíritu crítico, Wikileaks me despierta razonables sospechas, ya que insinúa un celebridad casi tan opaca como la de los gobiernos y grandes corporaciones mundiales las filtraciones de las cuales son su principal objetivo.  Además de que el contenido nos sea servido con calculada periodicidad y alimente casi más la propia morbosidad de los espectadores (¿espectáculo mediático?) que la sed de conocimiento.

En toda balanza deben pesar tanto los derechos de la persona como el derecho a la información.  Y en caso de dilema que el primero predomine por encima del segundo como insinúa el viejo testamento.

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